May 17 2012

Historia de un taxista que aprendió a volar

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El autor, de, entre otros libros “Cómo Nadar entre Tiburones sin ser Comido Vivo”, Harvey Mackay, cuenta una gran historia sobre un taxista que decidió volar como un águila.

Dice Harvey:

“Como orador, viajo mucho, y saliendo del aeropuerto, a rentar coches o tomar taxis.”

“La mayoría de las veces, mis experiencias con los taxistas no son muy agradables. Hay excepciones, pero por regla general, me encuentro con esto: Si el clima es caliente, el aire acondicionado no está funcionando. O algunas ventanas están abiertas y llego con mi cabello todo alborotado a la conferencia o reunión de negocios.”

“El interior de los vehículos está sucio, por ello, no me gusta tocar nada. Por lo genera el conductor sólo  me habla para averiguar mi destino, y muchas veces hablan por sus teléfonos celulares en lenguas extranjeras para mí. Esto me ocasiona inquietud, y me pregunto si estamos tomando la ruta más directa al lugar al que debo de llegar. Otras veces, el taxista maneja muy rápido y con comportamiento agresivo hacia los demás conductores. Es evidente que en estas situaciones, el común denominador es que al taxista no le interesa su cliente, sino únicamente llegar rápido para deshacerse de él e ir a buscar otro.”

Pero un día…

“Un día, sin embargo, me encontraba fuera de un aeropuerto haciendo la fila para que me tocara turno de tomar taxi. Cuando un coche se detuvo, lo primero que noté fue que el taxi estaba pulido, lo que le daba a su carrocería un aspecto brillante. El taxista estaba elegantemente vestido con una camisa blanca, saco y corbata negros, y pantalones también negros, perfectamente planchados. El conductor del taxi saltó y le dio la vuelta al coche para abrirme la puerta trasera.“

“En cuanto me subí, me entregó una tarjeta de presentación impresa en plástico laminado y me dijo: “Soy Wally, su conductor. Mientras pongo sus maletas en el maletero me gustaría que lea mi misión, se encuentra al reverso de la tarjeta.”

“Le di la vuelta a la tarjeta y la leí. Decía:

“Declaración de Misión de Wally: Llevar a  mis clientes a su destino de la forma más rápida, segura y barata posible en un ambiente agradable”

“Esto me impactó agradablemente. Especialmente cuando me di cuenta de que el interior del vehículo coincidía con el exterior: ¡estaba impecablemente limpio! Cuando se sentó al volante, Wally me dijo:

-          ‘¿Le gustaría una taza de café? Tengo un termo de café regular y uno de café descafeinado.’

“Yo, medio en broma, le respondí:

-          ‘No, gracias. Prefiero los refrescos.’

“Wally me sonrió y dijo:

-          ‘No hay problema. Tengo un refrigerador en la guantera delantera con Coca-Cola Normal, Light, agua y jugo de naranja.’

“Casi tartamudeando, dije: ‘Voy a tomar una Coca-Cola light.’ Dándome la bebida, Wally dijo:

-          ‘Si quiere algo para leer, tengo el Wall Street Journal, Time, Sports Illustrated y USA Today.’

“A medida que empezaba a manejar, Wally me entregó otra tarjeta plastificada, diciéndome:

-          ‘Estas son las estaciones de radio que existen, y el tipo de música que tocan. Si desea escuchar la radio, sólo hágame saber cuál es la estación que usted prefiere.’

“Y como si eso no fuera suficiente, Wally me dijo que tenía el aire acondicionado encendido y me preguntó si la temperatura era cómoda. Luego me aconsejó que esa la mejor ruta para mi destino a esa hora del día. También me hizo saber que él estaría encantado de charlar conmigo  y decirme sobre algunos de los lugares de interés o, si prefería, que lo dejaría con sus propios pensamientos y manejaría en silencio.”

“Me encontraba absolutamente sorprendido y le pregunté al conductor:

-          ‘Dime, Wally, ¿ha servido siempre a sus clientes de esta manera?’

“Wally sonrió en el espejo retrovisor”:

-  ‘No, no siempre. De hecho, sólo ha sido en los últimos dos años. Mis primeros cinco años de chofer, me la pasé la mayor parte del tiempo quejándome por todo, como el resto de los taxistas. Entonces oí al gurú de crecimiento personal, Wayne Dyer , en la radio un día.’

- ‘En ese programa, Wayne Dyer dijo que si te levantas en la mañana esperando tener un mal día, rara vez te defraudarás a ti mismo. Y dijo: ¡Deja de quejarte! Sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila. Los patos hacen cuac y se quejan. Las águilas, en cambio,  se elevan por encima de la multitud.’

- ‘¡Sentí que Dyer estaba hablando sobre mí! Yo siempre había graznando y me la pasaba quejándome por todo, así que decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré a mi alrededor a los otros taxis y sus conductores. Los taxis estaban sucios, los conductores eran antipáticos, y los clientes no estaban contentos. Así que decidí hacer algunos cambios. Al principio hice  unas pocas mejoras. Como mis clientes respondieron bien, hice más.’

“Supongo que eso ha valido la pena para usted”, le dije. ‘Claro que sí’, me respondió Wally: ‘Mi primer año como un águila, gané lo doble del año anterior. Este año voy probablemente a cuadruplicar. Fue casualidad haberlo subido en el aeropuerto, porque ya casi no voy. Mis clientes me llaman a mi teléfono celular o dejan un mensaje en mi contestador automático. Si no puedo recoger a un cliente yo mismo, mando a un amigo taxista confiable, de los que he estado entrenando, y me quedo con un porcentaje.’

Nada entre tiburones sin ser comido vivo “Probablemente ha contado esta historia a más de medio centenar de taxistas en los últimos años, y sólo dos tomaron la idea y la ejecutaron también. El resto de los conductores siguen actuando como los patos: graznan y me dicen muchas razones por las que no pueden hacer nada de lo que les sugiriendo. Sin embargo, Wally el taxista es la prueba de que sí se puede. Wally decidió dejar de graznar como pato y empezar a volar como las águilas.”

Hasta aquí la historia que Harvey Mackay cuenta en uno de sus libros. No importa el negocio que tú tengas, también puedes dejar de quejarte por todo y diferenciarte de tu competencia. Elévate sobre ellos, haz que los clientes te prefieran a ti, dándoles ese elemento extra que no hallaran en los otros lugares. No tiene que ser algo material, y puedes empezar poco a poco,  por ejemplo,  que los trates con una sonrisa, o que averigües cuando es su cumpleaños y les hables para felicitarlos en su día.

Miranda Gomez

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