El nacimiento de una industria billonaria

Historia del desodorante Por: Miranda Gomez –> Haz clic aquí para leer un reporte: “Cómo hacer crecer tu negocio de forma EXPLOSIVA”

Hasta antes del siglo anterior, los olores del cuerpo humano, si bien ocasionaban el ocasional comentario, en general se consideraban algo natural y aceptable.

Pero a principios del Siglo XX una joven mujer de Cincinnati, en los Estados Unidos, llamada Edna Murphey, empezó a tratar de vender un antitranspirante que su papá, un cirujano, había desarrollado para que no le sudaran las manos durante las operaciones.

Edna le puso por nombre Odorono a su producto. Contrató vendedoras que iban de casa en casa ofreciéndolo, pero las ventas no eran lo que ella esperaba. Después contrató un stand en la Expo de Atlantic City de 1912, y gracias a un verano especialmente caluroso, las ventas aumentaron un poco.

Decidió buscar la ayuda de expertos en comercialización y contrató a una agencia publicitaria de Nueva York. Ellos le enviaron una persona creativa y talentosa, para hacerse cargo.

Después de analizar el problema, el joven publicista, de nombre James Young, llegó a la conclusión de que la creencia de las personas era que no es saludable suprimir el sudor. Para superar tal obstáculo, diseñó una serie de anuncios atrevidos, que impulsaran a las mujeres a comprar el producto, sin detenerse a pensar en las posibles consecuencias nocivas que pudiera tener.

En uno de tales anuncios, bastante atrevido para la época, aparece una mujer abrazando a un hombre, en una pose romántica. En el texto puede leerse:

“No pierdas a tu hombre. Un mal olor puede alejarlo”

El anuncio ocasionó una amplia controversia, e incluso las revistas que lo publicaron llegaron a perder suscriptores. Pero funcionó.

La campaña publicitaria trajo a la atención pública el “asunto” del olor del cuerpo humano, y las ventas de Odorono se dispararon. En 1920, alcanzaron la astronómica suma de 417 mil dólares.

Para 1927, la compañía tenía ventas anuales del millón de dólares y en 1929 (justo antes del crack bursátil) Edna Murphey le vendió su negocio a la empresa Northam Warren, los fabricantes de Cutex, el producto más usado para quitar el esmalte de las uñas.

La aventura de Edna marcó el inicio de una nueva industria, la de los desodorantes, que en el año 2012, tan sólo en los Estados Unidos, representó, aproximadamente, ventas por 1,200 millones de dólares.

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Miranda Gomez

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