Jul 14 2014

Cómo nos atrapan los fabricantes de alimentos procesados

papitas fritas Por: Sabel Todd –>Lee mi reporte: ¡Tú puedes tener ERECCIONES de ADOLESCENTE de nuevo!

Sabes que los alimentos chatarra son malos para la salud de tu cuerpo, porque te aportan muchísimas calorías  pero sin nutrirte, y hacen que se disparen tus niveles de insulina, colesterol y depósitos de grasa.

Y a pesar de saberlo, de repente te das cuenta que otra vez estás tomándote un refresco, o “degustando” una bolsa de papas fritas.

¿Porqué volviste a caer? Hay una explicación para ello, y no es tu culpa.

Un reportero investigador del New York Times, llamado Michael Moss, a través de extensas entrevistas con conocedores del pasado y presente de la industria alimentaria, la revisión de miles de documentos, y años de investigación, ha llegado a la conclusión que los grandes fabricantes de alimentos procesados recurren a una gran cantidad de trucos y estrategias destinadas a hacer sólo una cosa: vender más de sus productos.

Y si eso significa poner en peligro la salud de la población de muchos países al aumentar los niveles de sal, grasa y azúcar, entonces pues “ni modo”.

En la actualidad, un tercio de la población es obesa. En países occidentales, como Estados Unidos o México, los niveles de sobrepeso entre la población (junto con las enfermedades que producen, como alta presión arterial o diabetes) llegan a niveles de epidemia.

La razón número uno, según Moss, son las papas fritas y la demás comida chatarra.

La cantidad de investigaciones realizadas en el perfeccionamiento de los mecanismos de adicción a  la comida chatarra es asombrosa.

La empresa FritoLay tiene un complejo de investigación cerca de Dallas, donde cerca de 500 químicos, psicólogos y técnicos realizan investigaciones a un costo no menor de 30 millones de dólares al año. Lamentablemente todo este equipo humano no está tratando de encontrar una cura para el cáncer, sino analizando las sensaciones, sabores y olores que los alimentos chatarra deben de tener para que sean más deseables al consumidor.

Entre sus herramientas se encuentra un dispositivo que costó 40 mil dólares y que simula una boca que está mascando, para poner a prueba y perfeccionar los trozos de papas fritas, para que el consumidor promedio sienta que la papita frita no está ni demasiado dura ni demasiado blanda.

Uno de los bocadillos chatarra más perfectos que se han inventado, según el científico especializado en alimentos Steven Witherly, son los Cheetos.

“Esto”, dijo Witherly Moss, “es uno de los alimentos más maravillosamente construido en el planeta, en términos de placer puro.”

Describió una docena de atributos de los Cheetos que hacen que tu cerebro diga “quiero más”. Y, asombrosamente, es un atributo que se llama “fuga calórica” el más importante. Es cuando el alimento se derrite en tu boca. Cuando eso sucede, dice el científico, tu cerebro piensa que las calorías se pierden, y que por lo mismo puedes comer cualquier cantidad de dicho producto sin sufrir consecuencia alguna.

Con la ayuda de los supermercados

Y por si fuera poco, a la ingeniería que se aplica en la fabricación de estos bocados chatarra, se suma la estrategia de mercadotecnia. Con la colaboración de los supermercados y la falta de correcta supervisión de las autoridades sanitarias se cierra la pinza que te vuelve a atrapar, aún cuando habías jurado no volver a probar un alimento chatarra:

etiqueta nutricional

  • Los productos más atractivos, aquellos con las mayores cantidades de sal, azúcar y grasa, se colocan estratégicamente a nivel de tus ojos en los estante de comestibles. Normalmente tienes que agacharte para encontrar, por ejemplo, la avena natural. Los productos más saludables están generalmente colocados más arriba o más abajo de tu línea visual.
  • Las empresas también “tuercen” las etiquetas de nutrición poniendo en sus envases términos como “todo natural”, “contiene granos enteros”, “contiene jugo de fruta real”, y “bajo en grasas”, que desmienten el contenido real de los productos.
  • Apenas desde la década de los años 1990 se obliga a los fabricantes a revelar el verdadero contenido de sal, azúcar, grasa y las cargas calóricas de sus productos, que se detallan en un cuadro llamado “Información Nutricional”. Pero un engaño que muchas empresas hacen es dividir estos números a la mitad, o incluso entre tres, al reportar esta información crítica por porción, y no por el envase total. En particular, hacen esto para galletas y papas fritas, a sabiendas de que la mayoría de la gente no puede resistirse a comer toda la bolsa que contiene tres porciones. Compruébalo tú mismo. Checa el envase de papitas fritas y fíjate cuántas “porciones” trae esa pequeña bolsita.

Sabel Todd

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